El día 8 de octubre de 2008 escribí un poema, dedicado al 11-M, que, recitado por mí en diferentes tertulias literarias de Madrid, provocó mi expulsión de la que tiene lugar en el Círculo de Bellas Artes. Lo publico ahora en esta tribuna, precedido de las palabras que le sirven de preámbulo, para que se tenga idea clara del grado de persecución a que se ve sometida, en ciertos ambientes culturales, la libertad de expresión.

Dos días después de aquel terrible 11 de marzo, muchos formaron rebaño, en plena jornada de reflexión, para exigir al Gobierno la verdad de lo ocurrido. Me pregunto dónde están hoy. El día 11 de cada mes, unos llamados Peones Negros, que, de verdad, quieren saber quiénes se encuentran detrás de aquella matanza, acuden a la estación de Atocha, con ánimo de honrar a las víctimas de tan tremendo atentado. En ellos pensaba cuando, en octubre de 2008, escribí estos versos. Me encantaría tener la oportunidad de recitárselos a Zapatero; pero no a solas, sino en un abarrotado Congreso de los Diputados, ante mil cámaras de televisión, en nombre de las víctimas del 11-M.


Fernando Lago

Poema dedicado al 11-M

viernes, 29 de julio de 2011

Camino de Tokio



Vida oculta de Pepiño Blanco
(Capítulo 25)

     La humildad llevó a don Armando Vilariño a reconocer que su ciencia médica no daba más de sí. El remedio terapéutico aplicado al niño, a base de sosa cáustica y cepillo de raíces, no había dado el fruto apetecido. Pepiño Blanco padecía una grave enfermedad ocular, y requería la atención de un especialista. Por fortuna, don Armando estaba suscrito a la revista médica "El bisturí del galeno", que, en su último número, publicaba un amplio reportaje sobre el "Método Ogino", un tratamiento novedoso, ideado por un médico japonés, que, por medio del control de la temperatura, permitía curar enfermedades oculares como aquella que Pepiño padecía.
     El tratamiento era excesivamente costoso, y el viaje al Japón resultaba muy caro; pero Pepiño, heredero universal, junto a Maruxa, de la fortuna de los marqueses, podía permitírselo. Don Armando habló de todo esto con Herminio y con Maruxa, padres adoptivos de Pepiño, y éstos, a su vez, lo pusieron en conocimiento de don Guillermo de Castro Seoane, tutor del niño. Los tres dieron el visto bueno a la propuesta del médico, y empezaron a preparar todo lo necesario para emprender tan largo viaje al Japón. Y, como suele ocurrir siempre que el gasto lo hace otro, fueron cientos los paisanos, de Lamacido y de otras aldeas, que se ofrecieron para "acompañar al pobre niño"... "que el santiño iba a encontrarse muy solo en aquel país extraño"... Tuvo que intervenir don Guillermo de Castro Seoane, que, después de reunirlos a la puerta de la iglesia, terminó su breve discurso con estas palabras que no dejaban lugar a la duda:
- ¡O que queira disparar con pólvora do Rey, que compre foguetes!
     Cuatro meses después, partían de Lamacido, en un taxi de Ortigueira que iba a llevarlos al aeropuerto de Santiago, don Guillermo de Castro Seoane, don Armando Vilariño, Herminio, Maruxa, Amalia Fandiño, don Arsenio Taboada y, naturalmente, Pepiño Blanco. Iba también, sujeto en la baca con unos correajes, la imagen de San Zoilo de Pastrana, protector de Pepiño. Con el coche ya en marcha, empezó a jarrear, y San Zoilo  se cagó en algo que no se pudo entender. El repiqueteo de las campanas de la iglesia dio un aire festivo a la despedida. El doctor Ogino esperaba a Pepiño Blanco en Tokio.

Tío Chinto de Couzadoiro

Enlace al Capítulo 26:   Apostolado de San Zoilo
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miércoles, 27 de julio de 2011

Lavado del cuerpo




     Rubalcaba es un hombre muy limpio. Más aún; puedo decir, sin caer en la exageración, que Rubalcaba es un hombre limpísimo. Tan cierto resulta lo que afirmo que, últimamente, no sale de la ducha. Se está sometiendo a un estricto plan de lavado corporal, con jabones especiales, que, si todo va bien, dejará su cuerpo libre de polvo y paja. No será tarea fácil. De hecho, la cosa se está complicando, porque, si bien busca un cambio de imagen, un embellecimiento de su persona, Rubalcaba parece no entender que, al tratar de hermosearse, corre el riesgo de hacerse más mono. Por otra parte, no deja de ser una cruel ironía que no consiga verse limpio quien se metió en tantos fregados.
   El tiempo apremia. Las elecciones generales están a la vuelta de la esquina, y Rubalcaba quiere ser el próximo Presidente del Gobierno. Por eso trato de ayudarle a conseguirlo. Porque veo que no acierta con sus continuos lavados, y yo quiero que sea Presidente del Gobierno. Para ello, deberá olvidarse de todo lo demás y seguir a rajatabla un cambio de imagen, cabalmente diseñado por mí, que, a no dudar, le abrirá las puertas de La Moncloa. Será duro. Muy duro, seguramente. Pero no habrá otra forma de alcanzar lo que se propone. Rubalcaba -lo digo ya, sin más preámbulos- deberá iniciar su campaña electoral vestido de Dama de Elche. La razón es bien simple. Los electores -tantas veces engañados- creerán fácilmente que Rubalcaba es la dama ilicitana; pero no admitirán de ningún modo, aunque Rubalcaba se friegue con un cepillo de raíces, que no haya sido el portavoz del Gobierno de los GAL, ni el Ministro de Interior que impidió investigar el 11-M, ni el que dio la orden del soplo a ETA ... Ojalá me haga caso Rubalcaba; que, si París bien valió una misa, La Moncloa bien vale una Dama de Elche.

Barlovento Maciñeira        

lunes, 25 de julio de 2011

Deleznable



Encuentro muy razonable
que el inútil Zapatero,
por ser de la lezna obrero,
resulte tan deleznable.

Lajo Demos

4 de febrero de 2010

¡Hay que instaurar, cuanto antes,
el día del tortazo
al Presidente del Gobierno!

Don Anónimo Pasquín


     Los norteamericanos presumen de pertenecer al único país del mundo en que un humilde vendedor de periódicos puede alcanzar la presidencia de la nación. Nosotros, que gozamos de una democracia más avanzada, debemos enorgullecernos de vivir en la única nación del planeta en que un zapatero puede llegar a Presidente del Gobierno. Sí, he dicho un zapatero. Ya sé que esto repugna a la razón, como repugnan las gallinejas a los paladares exquisitos. Uno piensa, erróneamente, que tan alta dignidad debiera reservarse a un destacado representante de la ciencia política, a un eminente abogado del estado, a un economista de consolidado prestigio. ¡Tonterías! Un modesto zapatero puede ejercer dignamente el gobierno de la nación, cuando une, a su ignorancia de las leyes del estado, a su desconocimiento de la ciencia política, a su torpeza con el cálculo económico, la ineptitud en su propio oficio.
     La lluvia, en Sevilla, es una auténtica maravilla; tan auténtica, que, en cuatro tardes gloriosas, Sevilla derramó, con abundancia, la lluvia del conocimiento keynesiano. Pero, lamentablemente, las benéficas aguas de don Jordi cayeron en un pedregal de adoquines ilustrados, y se llevó, la mayor parte de ellas, un maestro de la lezna que, atascado en la división con decimales, fue a estrellarse contra la regla de tres compuesta. Aún así, como la ignorancia y la osadía suelen ir de la mano, nuestro zapatero entró en el taller, presa de un loable afán social, con el firme propósito de llevar a cabo la primorosa labor artesanal que diera, a cada español, un par de botas de cuero. A tal fin, hizo el cálculo preciso, y, de resultas de ello, cortó la española piel de toro en tantas partes iguales como ciudadanos hay. A simple vista se advertía que cada trozo de cuero, por lo escaso, difícilmente podría dar para un par de botas de media caña. Pese a todo, nuestro remendón, erre que erre, puso manos a la obra, y, hoy, los españoles padecemos, estoicamente, las consecuencias del error de cálculo de un mal zapatero que, por falta del cuero necesario, nos ha metido los pies, con calzador, en unas botas, del tamaño de unos patucos, que, además de no tener lengüetas, dejan los dedos al aire.

Pelargonio do Peiral          

     "Diez millones de malos artesanos no harían más daño a la nación que un gobernante incapaz."

       (Hildebranda Rasputina Facilova)

viernes, 22 de julio de 2011

"El fenómeno Pepiño"



Vida oculta de Pepiño Blanco
(Capítulo 24)

     Como la enfermedad de sus ojos no remitía, don Armando Vilariño sometió a Pepiño Blanco a un severo tratamiento, con la intención de bajar el nivel de la urea que la meada de "Roldán" había dejado en ellos. El remedio consistió en fregarle el rostro, durante quince días, con sosa cáustica y un cepillo de raíces. El tratamiento fue mano de santo -probablemente, de San Zoilo de Pastrana-, porque, al cabo de ese tiempo, los ojos de Pepiño se vieron limpios de urea; aunque, eso sí, con la falta de luminosidad que hoy les conocemos. Con esto quedarás convencido, amigo lector, si alguna duda tienes aún, de la verdad de mis palabras cuando, capítulos atrás, afirmaba que Pepiño Blanco era de pedernal.
     Aquel día tuvo lugar, como de costumbre, la reunión de la C.S.A.L. (Célula Socialista Agraria de Lamacido), grupúsculo clandestino que luchaba por los intereses de los campesinos, de acuerdo con el socialismo de Pablo Iglesias. Los reunidos eran los de siempre: Bernardo Somozas, Antonio Varela -hermano de Rosendo, y tío, por lo tanto, de Pepiño-, Vicente Martínez y Severino Montes. La reunión, presidida por un gran cartel en que se leía "La vaca para el que la ordeña", tenía lugar en la cuadra que daba cobijo al burro de Antonio. Los cuatro socialistas discutían, en animada conversación, la manera de exigir, al párroco de San Damián de Lamacido, la cesión, como bienes comunales, de los terrenos de la iglesia, cuando Pepiño Blanco, desde la calle, asomó la cabeza por la puerta de la cuadra. El burro, entonces, harto de oír tanta majadería, fue hacia el niño. Pepiño y el burro se miraron fijamente, y, de pronto, los ojos del niño empezaron a emitir unos destellos, nunca vistos en un ser humano, que habrían puesto en fuga al más valiente. El burro, espantado, puso término a la reunión clandestina socialista, derribando la mesa que servía de apoyo a sus acuerdos, y, al instante, se armó en la cuadra la de Dios es Cristo. Los ojos de Pepiño Blanco, por entonces en mística contemplación, emitían ya, además de los destellos, los sonidos característicos de la alarma de un submarino en zafarrancho de combate. Es de justicia reconocer que, en medio del pánico provocado por Pepiño, el peor parado fue el burro, que, de los cinco reunidos, tiró menos coces que ninguno.

Tío Chinto de Couzadoiro

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miércoles, 20 de julio de 2011

Profeta



España, sagrado suelo
que me vio nacer un día,
tus males claman al cielo
sin que tengas el consuelo
que, a no dudar, te daría
-llanto amargo, negro velo-
la más doliente elegía;
y yo, no siendo poeta,
echo en falta al profeta
que revele -obra pía-
tu futuro, triste infierno
que prepara este Gobierno
hundido en la felonía.

Desdichada tierra mía,
padeces, Patria, el acoso
de gente de medio pelo,
y tus vates, al desvelo,
han preferido el reposo;
y yo, no siendo poeta,
echo en falta al profeta
que, con verbo poderoso,
y voz ardiente, tonante,
denuncie la alta traición
del perverso gobernante
que, haciendo necio desplante
a nuestra Constitución,
pone en peligro flagrante
la unidad de la Nación.

El verso ya no te canta,
Patria eterna, peregrina,
porque una densa cortina
en torno a ti se levanta
y enmudece la garganta
de quienes hacen la esquina;
y yo, no siendo poeta,
echo en falta al profeta
que, arrancándose la espina,
saque al pueblo a la calle,
alzado en almas, airado,
gritando desaforado,
en la ciudad, en el valle:
¡Hasta aquí hemos llegado!
¡Volvamos a la razón,
huyamos de la locura,
antes de que el remendón,
privado de la cordura,
acabe con la Nación
metida en la sepultura!

Salustiano Robaliza

25 de enero de 2010

lunes, 18 de julio de 2011

Blanca necedad



Por tu pensamiento leve,
tan cortito, Pepe Blanco,
alguno a decir se atreve
que, como fueses rey franco,
serías Pepiño el Breve.

Lajo Demos

10 de mayo de 2006


Saquemos del Congreso y del Senado
a tantísimo ganapán.

Don Anónimo Pasquín



   Los nietos de los pobres llegaron con hambre, y se van a ir saciados. Aparecieron con aires de cambio, con ansias de libertad, con deseos de venganza. Invadieron campos y ciudades, y, en poco tiempo, ocuparon Comunidades y Ayuntamientos.
   Los nietos de los pobres entraron con patente de corso en las Instituciones del Estado, y se dedicaron, durante años, al robo y al pillaje, a la estafa y al soborno, al desfalco y a la rapiña. Dejaron exhaustas las arcas del Tesoro. Arrinconaron la boina y el pantalón de pana, y visten costosos trajes que pagamos los contribuyentes.
   Los nietos de los pobres escupen su desprecio sobre los retratos enmarcados de sus abuelos.

Pelargonio do Peiral


     "Descubrí que se abría un mundo ante mí cuando supe que el dinero público no es de nadie y que la tierra es del viento."

(Remigio Picatoste, alcalde socialista de Criadillas del Valle, procesado por vender el matadero municipal, por cuatro euros, a su hijo Fortunato)

viernes, 15 de julio de 2011

Verbena multicolor




Vida oculta de Pepiño Blanco
(Capítulo 23)

     Lo que, con el tiempo, fue conocido como "fenómeno Pepiño", se observó, por vez primera, durante las fiestas patronales que aquel año tuvieron lugar en Lamacido. Maruxa y Herminio ocupaban una mesa, en la terraza del "Bar Camuñas", para que Pepiño oyera las piezas del folclore galaico que interpretaba el grupo regional "Os catro de Céltigos". Cualquier otro niño habría quedado prendado del vistoso colorido del conjunto musical y de los tonos, alegres o melancólicos, que salían de las gaitas. Pero, Pepiño Blanco, dotado de un espíritu inquisitivo, impropio de su poca edad, no le prestó la menor atención, porque su alma quedó atrapada por el vuelo de una mosca cojonera, en torno a la botella de gaseosa que había sobre la mesa. Otro infante que no fuera Pepiño habría intentado cazarla o, por lo menos, espantarla de un manotazo. Pepiño, en cambio, trató de imitarla lo mejor que supo. Para ello, se subió, con dificultad, a la mesa; y, ya de pie sobre ella, inició un corto vuelo que dio con él de cabeza contra el suelo embaldosado de la terraza. Pepiño se cargo, de un solo golpe, seis baldosas. Por cierto, que el soberbio cabezazo coincidió con el momento en que el bombo de "Os catro de Céltigos" marcaba el final de la "Muiñeira de Reboredo". Por eso, aún hoy, no se sabe muy bien si los aplausos del público sirvieron para premiar al grupo folclórico o para reconocer el potente cabezazo de Pepiño Blanco. Sea como fuere, a partir de aquel instante, y a lo largo de veinte días, los ojos de Pepiño cambiaron de color cada cinco segundos. Unas veces, los dos adquirían el mismo tono; otras, la mayor parte de ellas, un ojo se ponía de un color, y, el otro, de otro. Y eso ocurría, como digo, cada cinco segundos. La cara de Pepiño Blanco se había convertido en algo así como la verbena multicolor de una ambulancia del SAMUR.
     Desde aquel día, hubo interpretaciones del "fenómeno Pepiño" para todos los gustos. Argimiro, el padre de Maruxa, dio su parecer.
- Este rapaz non anda ben da cabeza.
Don Arsenio Taboada, el indiano vuelto de Nueva York, aseguraba que los ojos de Pepiño Blanco emitían mensajes del Supermán que habitaba en él; Amalia Fandiño no dejaba de afirmar que aquellos ojos hablaban de la incipiente santidad del niño, confirmada por la protección que San Zoilo de Pastrana le había dispensado. Fue la ciencia, como siempre, la que puso las cosas en su sitio, cuando el médico rural, don Armando Vilariño, sentenció que los continuos cambios de color eran debidos al exceso de urea contenida en la meada que "Roldán", el perro de caza de Casildo "das pallas", había soltado, tiempo atrás, en pleno rostro de Pepiño.

Tío Chinto de Couzadoiro

Enlace al Capítulo 24:   "El fenómeno Pepiño"
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