El día 8 de octubre de 2008 escribí un poema, dedicado al 11-M, que, recitado por mí en diferentes tertulias literarias de Madrid, provocó mi expulsión de la que tiene lugar en el Círculo de Bellas Artes. Lo publico ahora en esta tribuna, precedido de las palabras que le sirven de preámbulo, para que se tenga idea clara del grado de persecución a que se ve sometida, en ciertos ambientes culturales, la libertad de expresión.

Dos días después de aquel terrible 11 de marzo, muchos formaron rebaño, en plena jornada de reflexión, para exigir al Gobierno la verdad de lo ocurrido. Me pregunto dónde están hoy. El día 11 de cada mes, unos llamados Peones Negros, que, de verdad, quieren saber quiénes se encuentran detrás de aquella matanza, acuden a la estación de Atocha, con ánimo de honrar a las víctimas de tan tremendo atentado. En ellos pensaba cuando, en octubre de 2008, escribí estos versos. Me encantaría tener la oportunidad de recitárselos a Zapatero; pero no a solas, sino en un abarrotado Congreso de los Diputados, ante mil cámaras de televisión, en nombre de las víctimas del 11-M.


Fernando Lago

Poema dedicado al 11-M

lunes, 11 de junio de 2012

Ladrones a lo grande




                                    Una cosa es robar, y otra, muy distinta, hacer desaparecer. Pero, tratándose de dinero, si decimos que alguien ha hecho desaparecer determinada cantidad, estamos dedicando al caco un caritativo eufemismo.
     Mi escaso conocimiento en materia económica no me impide saber, sin embargo, que nos encontramos en una situación crítica. Puede que ignore si se trata de un rescate o de un simple préstamo; pero sé que, dejando a un lado cualquier eufemismo, habremos de pagar un precio muy elevado por la ayuda que se ofrece a nuestros bancos, salvo que, a partir de ahora, nos den duros a cuatro pesetas.
    Lo que no entiendo, y no, precisamente, por mi casi nula preparación económica, es que no se ponga, ante los tribunales de justicia, a los banqueros responsables de las pérdidas, robos o desapariciones que hacen necesaria tal ayuda. Estamos hablando de 100.000 millones de euros. No invito al imprudente lector a multiplicar esta cantidad por 166, para evitar que el resultado en pesetas le provoque la urgente necesidad de ir al retrete.
      Cuando un ladrón entra en una sucursal bancaria, y roba 40.000 euros, va a la cárcel. ¿Por qué razón, entonces, no va a presidio el que, estando en la alta dirección del banco, hace desaparecer 100.000 millones de euros?

Barlovento Maciñeira

         

domingo, 10 de junio de 2012

Jueces de verdad




                              Qué tremenda me parece la función del que juzga. Cuando acierta, y cuando se equivoca. Cuando acierta, porque, aun dejando en libertad al inocente, condena a un ser humano; cuando se equivoca, porque, allí donde está implantada la pena máxima, puede dejar en libertad al asesino, y condenar a muerte a un inocente. ¿Quiere esto decir que no admito la existencia del juez? En modo alguno. Lo considero absolutamente imprescindible, mientras haya delitos que juzgar. Lo único que digo es que encuentro tremenda su labor.
                               En España no tenemos pena de muerte. Pero sí criminales, capaces de matar a sangre fría. A veces, a 192 inocentes, de un solo golpe. Para juzgar esos casos, necesitamos jueces de verdad. El sumario del 11-M fue instruido por uno que, al parecer, no concedió la menor importancia al hecho criminal de que los trenes -lugar del crimen- se hubieran destruido, cuarenta y ocho horas después de cometido el atentado. Otro juez dictó sentencia, basándose en un sumario contaminado por la mentira, y, muy probablemente, condenó a un inocente. El 11-M, en contra de lo que muchos piensan, no ha sido juzgado; porque, sólo cuando se hace justicia, cabe hablar de caso juzgado. El asesino -el auténtico, el organizador de la matanza- anda suelto. El 11-M exige un verdadero juez.

Barlovento Maciñeira

  

viernes, 8 de junio de 2012

Los percebes y el café




          La entrevista tiene lugar, a primera hora de la mañana, en el domicilio de tan singular personaje. Prepedigno Manteca, alcalde comunista de Horcajuelo del Principado, me recibe en el amplio salón de un lujoso chalet, situado en la parte alta del pueblo. Sentado a la cabecera de una gran mesa de estilo Rococó, el alcalde Manteca disfruta del desayuno que acaba de ponerle una sirvienta debidamente uniformada.
-  He de reconocer, alcalde, que es usted el primer mortal al que veo desayunar café con percebes.
-  Estoy hasta los cojones de hacer lo que hacen los demás. Me jode ser como ellos. Todo el mundo le da a la bollería, a la tostada o a las porras. Yo mojo los percebes en el café, como si fueran churros. ¿Pasa algo?
-  No, no pasa nada. Pero supongo que será un desayuno caro. Y, tratándose de un comunista ... ya me entiende, el pueblo, la clase obrera ...
-  El pueblo me sopla la polla. ¿Por qué crees que te he citado a esta hora? Pues "pa" que me veas desayunar. Porque sé que hablarás de mi desayuno, y eso será bueno "pa" mí. El poderoso tiene que impresionar a la mierda del pueblo, "pa" servirle así de modelo, de ejemplo. Es la única manera de sacarlo de la puta miseria en que vive.
-  Su postura, alcalde, es de un cinismo que apesta.
-  ¡Ni cinismo ni hostias! No me jodas con miramientos burgueses que me la sudan. Y, como te me pongas chulito, te mando a tomar por culo ahora mismo, ¡fracasado de mierda! Si te doy una entrevista, es "pa" que me la hagas, no "pa" que vengas a joderme a mi propia casa, cabrón. Cuando puedas desayunar café con percebes, ¡hijo de la gran puta!, podré mirarte a la cara, como a un igual; mientras tanto, ¡anda y que te vayan dando por donde amargan los pepinos, mariconazo de los cojones!
     Como queda ya sobradamente mostrada la elegante fluidez verbal de Prepedigno Manteca, doy por concluida mi visita a la primera autoridad de Horcajuelo del Principado. La entrevista ha tenido lugar bajo la atenta mirada de un busto de Lenin que, desde lo alto de un armario, nos ha observado con cruel severidad. Antes de abandonar el salón, dirijo una última mirada al padre de la revolución rusa, y advierto, en su rostro, una sonrisa complaciente con las palabras de Prepedigno. Le arreo entonces un soberbio tortazo al alcalde, que lo deja bailando unos segundos, y acaba con él por el suelo. Y me voy con la sospecha de que Lenin vuelve a mostrar su rostro más terrorífico.

Tío Chinto de Couzadoiro

  

miércoles, 6 de junio de 2012

¡Rompan filas!




                              De la clase política que tenemos en España, sólo espero un rasgo de dignidad. El de reconocer su infinita mediocridad. Sólo espero de ella la humildad necesaria para ver que su incompetencia, cuando no su perversidad, nos ha llevado al punto de no retorno en que hoy nos encontramos. De nuestra ínfima casta política, sólo deseo que, a la soberana voz de mando del pueblo, que le ordena romper filas, responda con su pronta desaparición.

Barlovento Maciñeira

   

martes, 5 de junio de 2012

Dos ciudades




          Los gallegos tenemos hoy motivos para estar contentos. Al menos, en lo que al deporte se refiere. El Deportivo de La Coruña y el Celta de Vigo vuelven a la primera división de la liga del fútbol español. Pero, como quiera que algunos jugadores del Celta tuvieron un comportamiento grosero con los aficionados coruñeses, puedo decir que en toda tierra de garbanzos cuecen habas, y que uno de los momentos más bochornosos de mi vida lo sufrí, hace algunos años en Valladolid, con ocasión de un partido de liga que iba a jugar el Deportivo en aquella ciudad. Eran las doce de la mañana de aquel domingo, cuando llegaron, a la plaza Mayor, varios autocares, venidos de La Coruña, con jóvenes deportivistas que, en cuanto echaron pie a tierra, comenzaron a corear su infame grito de guerra: "Somos los mejores, y todos los vigueses nos tocan los cojones". Sentí vergüenza ajena, adivinando lo que, con razón, podrían estar pensando los vallisoletanos que se hallaban en la plaza. ¿Es que, aquella tarde, el Deportivo no iba a medirse con el Valladolid? ¿Iba a enfrentarse, acaso, con el Celta de Vigo?
     No acepto el torpe enfrentamiento entre las dos ciudades gallegas -Vigo y La Coruña- que vaya más allá de la rivalidad deportiva. Como gallego y español, quiero una Galicia unida, dentro de una España unida. Eso es todo.

Barlovento Maciñeira

    

lunes, 4 de junio de 2012

El pipero




        No tengo ninguna duda. De haber sido Presidente del Gobierno, habría dejado a España en la situación de bancarrota en que hoy se encuentra. Mis conocimientos de Economía no van más allá de los que pudiera tener uno de aquellos piperos que, en mi niñez, vendían pipas, caramelos, regaliz, castañas pilongas y otras chucherías. Por esta razón, y porque el sentido común me lo impediría, jamás habría aceptado la Presidencia del Gobierno.
        A lo largo de las dos últimas legislaturas, el destino de España ha estado en las manos de un pipero. Le faltó sentido común para reconocer sus muchas carencias, y, sobre todo, honradez con el pueblo que tan torpemente lo había elegido. No obstante, si grande fue el error de convertirlo en Presidente del Gobierno, mayor es aún el de ponerlo, como porcelana decorativa, en el Consejo de Estado. ¿Se atreve alguien a decirme qué consejos de estado puede dar un pipero?

Barlovento Maciñeira


viernes, 1 de junio de 2012

Por el cambio




      En octubre de 1982, nos vendieron una burra. Nos hicieron ver la necesidad de una, y la compramos, sin reparar en que la burra era ciega y renqueaba. Los vendedores eran gitanos, y la burra, que se llamaba "Por el cambio", tenía tantos años que se nos murió muy pronto. El día que la enterramos, alguien comentó que, en España, la justicia era ciega, pero, también, coja y burra.

Barlovento Maciñeira