Los que llevamos ya cierto tiempo en el ejercicio de hacer hablar a otro sabemos, por experiencia, que el interés de la entrevista se encuentra, muchas veces, más que en sí misma, en las circunstancias que la rodean. Sirva, como ejemplo de lo que digo, la que hice, allá por el mes de marzo, al Ministro de Actividades Imperialistas, del Gobierno de Cataluña, que, hasta ahora, no ha podido ver la luz, por prohibición expresa del Gobierno catalán.
Cuando entro en el despacho imponente de Andreu Fuetifarra, Ministro catalán de Actividades Imperialistas, no veo al ministro por ninguna parte. Montse, la diligente secretaria, me coloca unos auriculares y un micrófono, y, ante mi gesto de extrañeza, me da la debida explicación.
- El señor ministro cenó anoche cuatro kilos de percebes marroquíes, obsequio del Embajador de Marruecos. Al parecer, le sentaron mal, y acaba de irse, aquí mismo, por la pata abajo. Se encuentra en el retrete de la Secretaría, provisto de otro juego de micrófono y auriculares.
Así que, viendo que no es posible, ni deseable, entrevistarlo bajo el mismo techo, lanzo la primera pregunta, que se va, camino del retrete, en busca de su respuesta.
- ¿Cómo ve, ministro, la actual política exterior catalana?
- ¡Esto es una mierda, una auténtica cagada! Nuestras relaciones con Marruecos han quedado por el suelo. No puedo dar un paso, sin pringarme un poco más. ¡Estoy de mierda hasta los cojones!
- Sin embargo, ministro, ...
- Nada de sin embargo, ¡coño! Esto es una descomposición en toda regla. Llevo mierda en todas partes, menos en el culo, ¡hostia!
- El imperialismo catalán, pese a todo, avanza de forma imparable.
- La mierda llega ya a la ducha y al bidé. He pegado cuatro patinazos, con sus correspondientes costaladas, y, con la mierda que llevo en la cabeza, parezco la escobilla recién pasada por la taza.
- La colonización de los nuevos territorios va a suponer, ministro, una ardua labor que requerirá un tacto exquisito.
- Lo primero será llevar a cabo una gran limpieza. No puede hacerse idea de cómo está el suelo. La mierda lo invade todo, paredes y techo incluidos. Se ven, aquí y allá, como náufragos en un mar de mierda, las uñas de muchos percebes.
Me quito los auriculares y el micrófono, y pongo término a tan inusitada entrevista a un ministro catalán que se come los percebes con uña y todo.
Tío Chinto de Couzadoiro