El día 8 de octubre de 2008 escribí un poema, dedicado al 11-M, que, recitado por mí en diferentes tertulias literarias de Madrid, provocó mi expulsión de la que tiene lugar en el Círculo de Bellas Artes. Lo publico ahora en esta tribuna, precedido de las palabras que le sirven de preámbulo, para que se tenga idea clara del grado de persecución a que se ve sometida, en ciertos ambientes culturales, la libertad de expresión.

Dos días después de aquel terrible 11 de marzo, muchos formaron rebaño, en plena jornada de reflexión, para exigir al Gobierno la verdad de lo ocurrido. Me pregunto dónde están hoy. El día 11 de cada mes, unos llamados Peones Negros, que, de verdad, quieren saber quiénes se encuentran detrás de aquella matanza, acuden a la estación de Atocha, con ánimo de honrar a las víctimas de tan tremendo atentado. En ellos pensaba cuando, en octubre de 2008, escribí estos versos. Me encantaría tener la oportunidad de recitárselos a Zapatero; pero no a solas, sino en un abarrotado Congreso de los Diputados, ante mil cámaras de televisión, en nombre de las víctimas del 11-M.


Fernando Lago

Poema dedicado al 11-M

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domingo, 17 de abril de 2016

La gran revelación



      Nadie podrá negar que el Partido Socialista Obrero Español se encuentra en las mejores manos. Pedro Sánchez es el hombre providencial que hará ganar, al histórico partido fundado por el tipógrafo Iglesias, los comicios del mes de junio. Sé muy bien de qué hablo.
      Pedro Sánchez es un profundo conocedor del más allá; pero, sobre todo, un experto en percepción extrasensorial. Viaja constantemente por el espacio etéreo, y, con frecuencia, se queda en la luna.
      Anoche tuvo un sueño. En la intimidad de la alcoba conyugal, a Pedro se le escapó una ventosidad silenciosa que dejó muy cargado el ambiente. Y, en medio de una atmósfera enrarecida, recibió la divina revelación del sueño. La gastada marca PSOE ya no vende. Sus muchos años de existencia la fueron deteriorando de tal modo que hoy no es más que una una antigualla, incapaz de vencer en unas elecciones. ¡Oh, ventosidad inspiradora, que descubrió, a Pedro, la gran verdad! ¡Oh, soplo silencioso, que, con nocturnidad y alevosía, convenció a Pedro Sánchez de que el PSOE, si quiere volver a ser lo que fue, tendrá que transformarse en PEO!
    En pocos días, Pedro Sánchez soltará el PEO; quiero decir, apreciado lector, que, muy pronto, lanzará el PEO (Partido Español Obrero) a los cuatro vientos del panorama político. El PEO va a ser una bomba, una explosión controlada, de efecto devastador, que removerá la conciencia del electorado. El Partido Español Obrero (PEO) aglutinará a toda la izquierda de España. Porque el comprimido PEO, liberado, dejará oír su voz poderosa, y soplará con toda la fuerza del huracán. Parece que leo ya su acertado cartel electoral: "Déjate acariciar por la onda expansiva del PEO, la fragancia de la izquierda."

Tío Chinto de Couzadoiro
       

lunes, 27 de enero de 2014

El sargento Merino




   He pasado unos días en Barcelona, muy pocos, que me sirvieron, no obstante, para propiciar el esperado reencuentro con mi viejo amigo Ángel Corominas. Nos conocimos, por el tiempo del servicio militar en la Armada, y, desde aquel lejano entonces, nuestra amistad se fue consolidando, con el paso de los años.
   Ángel Corominas no es, en modo alguno, nacionalista. Es un español de ley, por ser, precisamente, de pura cepa catalana. Hablamos de política, y surgió, inevitablemente, el separatismo que se vive en buena parte de Cataluña. Y, en medio de la animada y amistosa conversación, Ángel soltó esta frase: "Arturo Mas es como el sargento Merino." Reímos con ganas, porque la cosa no era para menos.
   El sargento Merino vivía en un mundo de grotesca fantasía. Nuestro barco se hallaba en dique seco. La dama de la noche iluminaba, en cuarto menguante, las aguas gaditanas de San Fernando. Cuatro marineros, entre ellos mi amigo Ángel y yo, montábamos la guardia nocturna; y, mientras preparábamos el café de puchero que nos ayudara a combatir el sueño y el frío, apareció el sargento Merino, con un abrigo de cuello subido hasta las orejas, un enorme sombrero de paja y una bufanda que le tapaba medio rostro, dispuesto a darnos un susto. Como resultaba irreconocible, le pedimos el santo y seña; y, al no darlo, Ángel Corominas le pegó un tiro de fusil que le alcanzó, por fortuna, el glúteo izquierdo. El sargento pasó dos meses hospitalizado, cuatro arrestado, y media vida en boca de quienes lo conocimos.
   Don Mariano Rajoy debería tomar ejemplo de Ángel Corominas: pedirle el santo y seña a Mas, y, si no responde, ¡perdigonada al culo!

Tío Chinto de Couzadoiro


"Vida oculta de Pepiño Blanco"
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jueves, 10 de octubre de 2013

No sabemos leer




             El último Informe Pisa, referido, esta vez, a los adultos, nos deja en muy mala posición, cuando se trata de comprender lo que leemos. Cabe pensar, además, que, si nuestro nivel de comprensión es deficiente, debe serlo también el de expresión por escrito. Según ese informe, los alumnos de bachillerato de los países más aventajados, en el ámbito de la lectura, superan a nuestros universitarios.
          Hace algunos años, Gustavo Villapalos, a la sazón Rector Magnífico de la Universidad Complutense, decía, en una tercera del diario ABC, que, si de él dependiera, no pondría más prueba de selectividad, para entrar en la universidad, que saber leer y escribir; porque, a su modo de ver, todo el que supiera hacerlo estaría capacitado para el estudio de cualquier carrera universitaria.
        La universidad no es para todo el mundo, no puede ser para todo el mundo. En contra del parecer demagógico de la izquierda, tan inclinada a conceder el aprobado al primer asno que lo solicite, la universidad ha de reservarse a quienes muestren la capacidad necesaria para entrar con dignidad en ella.
         El tiempo ha venido a dar la razón a Gustavo Villapalos. Con una prueba de selección tan elemental como aquella que él proponía, ¿cuántos alumnos darían hoy el salto a la universidad? No puede negarse, salvo por los interesados en el mantenimiento del ganado electoral, que, con Franco, estudiábamos mejor. Incluso, las deslumbrantes glorias del socialismo patrio que, para vergüenza de todos, alumbraron la nefasta Ley Orgánica General del Sistema Educativo.

Barlovento Maciñeira


Cuentos de humor
"Vida oculta de Pepiño Blanco"
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martes, 17 de septiembre de 2013

Homenaje a María Pita




           He pasado unos días en La Coruña que me han permitido reencontrarme con unos viejos lugares que, en el tiempo ya lejano de la infancia, me habían resultado familiares. Pero, por encima de todo, esos días me dieron la grata oportunidad de un reencuentro espiritual con María Pita, la brava y heroica coruñesa que, el 4 de mayo de 1589, encendió el ánimo del pueblo contra el ejército inglés que, por mar y por tierra, ponía cerco a la ciudad, e impidió que fuera tomada por los hombres que comandaban el Almirante Drake y el General Norris. Que, cuando son muchos los años, uno tiende a buscar el calor del pasado, más que el frío del incierto futuro. Y, en medio de tan acogedora presencia espiritual de la inmortal heroína, tuve noticia, como adecuado contraste, del avance grotesco del ejército nacionalista catalán, que, con el sargento Mas y el cabo furriel Junqueras al frente, exigía, al Gobierno de la muy opresora España, la independencia de Cataluña. Los aguerridos combatientes iban de la mano, formado una larga cadena humana, y, en palabras de mi buen amigo Tío Chinto de Couzadoiro, cual no sería la cagada que dejaron sobre el terreno, que, al final, todos ellos tuvieron que tirar de la cadena.
       Como respuesta, tal vez, a tan ridícula pretensión soberanista, allí, en la ciudad de María Pita, y, sin duda, bajo la benéfica influencia espiritual de aquella mujer con agallas, tan coruñesa, tan gallega y tan española, se me ocurrió la idea de marcar, en la festividad del 12 de octubre, el contorno de todo el territorio nacional, colocando a un español o a una española, cada dos metros. Naturalmente, sin darse las manos, que María Pita no quería, en España, gente encadenada.

Barlovento Maciñeira

Cuentos de humor
"Vida oculta de Pepiño Blanco"
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martes, 13 de agosto de 2013

El entierro de Alfredo




                No había cumplido aún los cinco años. Pero el escalofrío que sentí, cuando llegué al final de aquella escalera que subía hasta el piso de madera carcomida, hizo que se grabara a cincel, en mi memoria, la visión del ataúd que presidía el velatorio. Y, todavía hoy, permanece en ella, como el recuerdo más macabro de mi infancia. El cadáver esquelético de Alfredo Rubalcaba, desnudo en el féretro, porque nadie, en toda la aldea, había tenido la caridad de vestirlo, mostraba una palidez extrema, un rostro cetrino que era la imagen más espantosa de la muerte.
          Alfredo Rubalcaba vivía solo. Ninguno de sus vecinos quería trato alguno con él. Al descubrirse su cadáver, llevaba dos días muerto. Era un hombre malvado, perverso, uno de esos individuos nacidos para el mal; una criatura, con apariencia humana, hecha a imagen y semejanza de Satanás. Se decía que, por el asunto de la venta del Molino Viejo, había matado a dos hombres. Lo cierto era que, poco a poco, y con muy malas artes, había ido quedándose con las tierras de sus convecinos. Odiado por todo el mundo, su mismo perro, "Negrín", lo había abandonado, y había desaparecido de la aldea.
              El día del entierro, el vecindario en pleno acompañó su cadáver hasta el cementerio. Nadie quería perder la ocasión de ver descender, en la fosa, el cuerpo sin vida de Alfredo Rubalcaba. Incluso "Negrín", de forma inexplicable, entró en el campo santo, y presenció el enterramiento. Y, con la sepultura ya cerrada, y a la vista de todos, se acercó, forzó la deposición, y dejó, sobre la fosa, una enorme mierda, que ninguno de los presentes quiso retirar. "Negrín" salió del cementerio, y nunca más volvió a ser visto por la aldea.

Barlovento Maciñeira

                      "Vida oculta de Pepiño Blanco"
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sábado, 10 de agosto de 2013

El gran polvo




          La Comisión de Festejos del Nacionalismo Catalán ha desplegado un abanico multicolor de actividades, conducentes a excitar el sentimiento de nación, entre aquellos hijos de Cataluña que se saben, además, hijos de España. A parte de la "butifarrada" que ya se anuncia, miles de personas se darán las manos, de cara al Mediterráneo, a lo largo de toda la costa catalana, y una enorme bandera estrellada cubrirá un buen tramo del cauce del muy español río Ebro. Puesto que tales ocurrencias denotan una insuperable pobreza imaginativa que puede dejar en muy mal lugar a la Comisión de Festejos, me permito sugerirle, a continuación, algo que será el no va más de la eficacia propagandística. No pretendo, con ello, compensación económica alguna; ni tan siquiera agradecimiento. Busco, solamente, contribuir, con mi humilde aportación, a la exaltación del sentimiento nacionalista del pueblo catalán.
          Cataluña entera quedará unida por una extensa red de megafonía. Y, a través de ella, se emitirá, sin interrupción alguna, a lo largo de todo un día, la manifestación acústica de un coito de matrícula de honor, de un polvo monumental, como no se habrá echado otro desde los días de Adán y Eva. Los jadeos bestiales del varón harán que se estremezcan los altavoces; las modulaciones musicales de la hembra, próximas al espasmo, acompañarán, creciendo siempre en intensidad, al prolongado estribillo ¡más, más, más... maaaaaa... más, más más... maaaaaaás!, hasta alcanzar, a toda orquesta, el orgasmo del delirio independentista.

Barlovento Maciñeira

                      "Vida oculta de Pepiño Blanco"
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martes, 4 de septiembre de 2012

Juramento hipocrático




     España lleva más de treinta años postrada en una cama de hospital. Un diagnóstico equivocado y un tratamiento ineficaz la han traído hasta aquí, y la mantienen en un estado de extrema gravedad que exige una rápida intervención, a vida o muerte. Advertida la enfermedad por los médicos que la reconocieron -los mejores de aquel momento, según se dijo entonces-, le diagnosticaron el terrible "mal de la dictadura", cuyos síntomas principales eran la pérdida progresiva de la libertad de movimiento, la sensación de ahogo y la dificultad para expresarse. Pero la enfermedad de España tenía otro origen, y el tratamiento que se le prescribió, basado en tan erróneo diagnóstico, resultó del todo inapropiado para la enferma. Podría decirse que el remedio fue peor que la enfermedad, porque los torpes médicos que la trataron, queriendo sanar a España del "mal de la dictadura", que no padecía, le inocularon el terrible "mal de las autonomías".
     España se encuentra a las puertas de la muerte. Diecisiete heridas mortales la desangran, y cuartean cruelmente su cuerpo dolorido. España agoniza, se va lentamente, sin remedio, olvidada de todos los que debieran velar por su vida. Unos médicos indignos, que pisotean con desprecio el juramento hipocrático, sólo esperan, y desean, que la enferma expire, que el "mal de las autonomías" consume su labor homicida, y se reparta los despojos de la española nación.
     Es preciso que, sin pérdida de tiempo, el pueblo español se levante en almas, y arrebate, a esos médicos asesinos, el cuerpo de la moribunda España; es necesario que otros médicos, honrados, se dejen la vida en un intento postrero de salvar la de España. La extrema gravedad de nuestra nación exige que todo un ejército de anticuerpos se levante en almas contra el mortal virus autonómico, y devuelva a España la salud perdida.
¡Abajo las autonomías! ¡Arriba España!

Barlovento Maciñeira       



     

viernes, 24 de agosto de 2012

¡Tocan a rebato!




        Si nuestro oído no se hubiese deteriorado, a lo largo de más de treinta años de infame democracia, oiríamos la triste queja de una nación que agoniza. Todas las campanas de España, que en tiempos de bonanza repicaban, tocan hoy a rebato. Pero, muy pocos, oyen su llamada angustiosa. España se desangra, sin que nadie acuda a socorrerla. España se nos muere a los españoles, en el más completo abandono.
     La Constitución de 1978, que propició la división territorial de España en 17 comunidades autónomas, ha sido la mano asesina que, en la sombra, y en la más completa impunidad, le asestó la puñalada mortal. La Constitución Española -¡quién nos lo iba a decir!-, deseosa de romper, drásticamente, con el legado de Franco, quebró, de manera irresponsable, la unidad de España, y dejó, a la nación, a merced de sus muchos enemigos.
   El próximo 21 de octubre, los bárbaros del norte tomarán el poder en las Vascongadas, e impondrán su férrea dictadura de banda terrorista. Diversos Gobiernos de España, que podían haber actuado como verdaderos médicos que cuidaran de su salud, deshonraron su noble cometido, y cedieron ante ETA. Ni siquiera hoy, el Gobierno del Partido Popular quiere ser el médico de cabecera que ponga pronto remedio a la seria enfermedad de España.
     Ocurre, sin embargo, que, si de la Constitución le llegó a España la puñalada asesina que la mantiene al borde de la muerte, de ella puede venirle la salvación. La Constitución Española no ofrece ninguna duda sobre el papel fundamental que les asigna a nuestras Fuerzas Armadas. La integridad territorial de España se encuentra amenazada por el irracional separatismo vasco. Los asesinos de ETA ven próxima la independencia del País Vasco. Pero todas las campanas de España están tocando a rebato, y el noble Ejército español sabrá responder, como siempre, a su angustiosa llamada.

Barlovento Maciñeira

         

lunes, 6 de agosto de 2012

La hora de la verdad





     Llevamos muchos años inmersos en una gran mentira, cocinada por nuestra infame casta política. No podemos permanecer en ella por más tiempo. Ha llegado ya el momento de hacer balance de la falsa democracia que se nos ha dado. Es la hora de la verdad.
     No vivimos en una democracia. Vivimos en una dictadura, acaso más cruel, por ser menos evidente, que aquella de la que nos libraron unos políticos que se habían formado en ella. Vivimos en una férrea dictadura, con apariencia de democracia, que nos imponen unos partidos políticos alejados de toda praxis democrática. La consigna fue muy clara desde el primer momento: había que acabar con cuanto pudiera recordar el régimen de Franco. Y, en ese "había que acabar", se encontraba el germen de una nueva dictadura.
     Lo que voy a decir va a granjearme el calificativo de fascista que los necios de siempre me colgarán del cuello. No importa. Los imbéciles no tienen más misión que la de soltar estupideces. Allá va, pues. El dictador Francisco Franco, por medio de una cruenta guerra civil, no provocada por él, libró a los españoles de una dictadura comunista que habría sido similar a la que hoy padece Cuba. Y, al morir, nos dejó una España próspera y unida. Por contra, los padres de la patria venidos tras él, nos legaron una Constitución que es la causa de todos nuestros males presentes. Franco dio muestras inconfundibles de su profundo amor a España, manteniéndola unida desde el principio, y en progresiva prosperidad. Nuestra deplorable clase política actual está llevando a cabo el criminal desmembramiento de la nación, y ha dejado a España en la ruina moral y económica. España se halla en manos de una mediocre casta política, sin distinción de partidos, que debiera responder, tal vez, de su conducta delictiva, ante los tribunales de justicia.
     Al igual que otros muchos españoles, cuyo número va en aumento, añoro la etapa franquista, porque, a diferencia de la España de hoy, nuestra nación estuvo gobernada por un hombre autoritario que supo librarla de la barbarie socialista.

Barlovento Maciñeira


En relación con lo anterior:

        

jueves, 3 de mayo de 2012

Cabalgata de Reyes




     Cada año, al llegar el mes de las flores, la calle se engalana de capullos. Así como el 5 de enero nos visitan los Reyes Magos, que en alegre cabalgata recorren las ciudades españolas, el 1 de mayo aparecen  los Reyes Vagos, con su cortejo sindical de liberados y saltimbanquis.
    Este año, la Cabalgata de Reyes Vagos alcanzó un especial relieve; porque, si bien es verdad que no contó con el exotismo de los dromedarios, eran muchos los camellos que iban en el cortejo.
  Abrían la marcha, en sendos Cadillacs descapotables, Méndez, Martínez y Toxo. Méndez, en un alarde de compromiso con los parias de la tierra, les lanzaba relojes de marca; Martínez, haciendo gala de su amor a la famélica legión, les tiraba billetes de cinco mil euros; Toxo, en un arranque de generosidad sin precedentes, regalaba, a los desempleados, cientos de kilos de percebes del Ortegal. Se recordará, durante muchos años, la magnificencia sindical de este Primero de Mayo.
  Gerardito le habló, decepcionado, a su abuelo, mi buen amigo Celedonio Alberca.
- Abuelo, estos relojes los venden los chinos en un "Todo a cien"... los billetes están fotocopiados... los percebes son de plástico.
Celedonio comprendió, en aquel momento, que su nieto Gerardito, de cinco años, ya no creía en los Reyes Vagos.

Tío Chinto de Couzadoiro
        
        

miércoles, 4 de abril de 2012

Guillermino Mascletá




     Hace tiempo que no busco imbéciles. Años atrás, lo hacía, porque el imbécil constituía para mí una especie animal digna de estudio. No es que hoy no lo sea; pero, por su abundancia en el mercado, el imbécil se ha depreciado, y me sale al paso, a cada momento, sin necesidad de ir a buscarlo. La gran novedad de los tiempos que corren es que el imbécil ha entrado en política, y que lo ha hecho, masivamente, por la extrema izquierda.
  Uno de los mayores imbéciles que, últimamente, me han salido al paso es Guillermino Mascletá. Genuino representante de esa extrema izquierda de que hablo, tiene treinta años, y es un Lenin con patucos, al que su madre destetó antes de tiempo. La L.O.G.S.E. hizo estragos en él. Atribuye a Miguel de Cervantes la invención de la máquina de vapor, y, a Napoleón Bonaparte, la obra poética del Dante. Guillermino Mascletá se siente orgulloso de su ignorancia.
  Guillermino Mascletá ha logrado la detención del tiempo. Lo ha hecho prisionero. Para él no existió el alzamiento nacional del 18 de julio de 1936. El tiempo se detuvo, para él, un día antes; justamente, a las doce de la noche del 17 de julio. Para Guillermino Mascletá, no hubo guerra civil, ni Gobierno de Franco, ni, siquiera, entrada en democracia. Para Guillermino Mascletá, nos encontramos, todavía, en aquel 17 de julio de 1936: los políticos de la extrema izquierda siguen con sus amenazas, el Frente Popular continua con sus actos de terror callejero, el Gobierno de la República se muestra incapaz de acabar con el desorden. Pero Francisco Franco no existe.
  Guillermino Mascletá vive solo. Su mujer huyó de él, espantada de su delirio. Cuando come, prescinde del cuchillo y el tenedor, y utiliza, como tales, una hoz y un martillo. En la soledad de su alcoba, pasa las noches en blanco, creyéndose Largo Caballero; y, en su locura, sitúa a España en Siberia, como una república más de la Unión Soviética, sometida al terror de Stalin.


Barlovento Maciñeira
  
        

lunes, 6 de febrero de 2012

Paellera socialista




     Viven, desde hace muchos años, inmersos en la más absoluta degradación moral, hundidos en una colosal mentira que penetra todo el partido y alcanza al último de sus militantes. Esa mentira se halla tan extendida que, aunque quisieran, no podrían ya salir de ella. Por eso, como no podía ser menos, de ese gran embuste en que se ha convertido el Partido Socialista Obrero Español, ha surgido su nuevo Secretario General. La prueba concluyente de tan perversa falsedad fue oírles cantar "La Internacional", como broche de hojalata al congreso del puño y la rosa.
     El Partido Socialista es hoy una enorme paellera en la que sólo hay arroz. Pero su nuevo Secretario General -repulsivo, por mendaz- pretende vendérnosla como una exquisita paella, a la que nada le falta. Y, por más que uno busca entre los granos de arroz -todos pequeños, iguales e insignificantes-, no encuentra un langostino, una gamba, un mejillón que llevarse a la boca. El Partido Socialista Obrero Español seguirá siendo, durante muchos años, la mediocridad que todo lo iguala, la mentira que trata de hacernos ver un langostino, una gamba, un mejillón -Rubalcaba, Valenciano, López-, en una paellera que sólo contiene arroz. Un arroz que, para colmo, se les ha pasado.

Barlovento Maciñeira

      

miércoles, 18 de enero de 2012

Magnicidio




     Corrían otros tiempos, sin duda. Manuel Fraga era el Presidente Nacional de Alianza Popular, y yo procuraba, sin arriesgar mucho, alcanzar el éxito como autor teatral. Un buen número de importantes actrices de aquel momento había leído ya mi monólogo "La locura de Marta Sandoval", pero ninguna se había decidido a interpretarlo. No diré sus nombres, porque, si un día se estrenase, y lograra el aplauso del público, podría sacarle los colores a más de una. La obra rebosa originalidad, y entraña una enorme dificultad, incluso para una gran actriz. Su argumento gira en torno a un magnicidio múltiple que se comete en Madrid. Para alguien con sentido crítico, que lo estudió a fondo, se trata de una obra de anticipación.
     Una tarde, llamé por teléfono a la Secretaría de Manuel Fraga, y solicité una entrevista con él; tenía mucho interés en que conociese "La locura de Marta Sandoval". En menos de tres horas, me llamó su secretaria, para preguntarme si podía acudir, a la mañana siguiente, al despacho del señor Fraga.
     La entrevista duró más de una hora, y, en ese tiempo, no vi, por ninguna parte, al Fraga grosero y violento que muchos describían. Hablamos, de forma distendida y amistosa, y fui testigo de su vasto conocimiento de la teoría teatral desarrollada por los grandes maestros rusos, y de su amena familiaridad con la escena decimonónica de los países nórdicos.
     Una semana después, me devolvió el libreto, por medio de un servicio de mensajería. Venía acompañado de una tarjeta manuscrita, que conservo aún, en la que me decía lo siguiente: "He leído con suma satisfacción su interesante monólogo, y lamento tener que decirle que, en las circunstancias actuales, veo improbable su estreno en un teatro. Atentamente, Manuel Fraga."
     Sí, eran otros tiempos. Gobernaba Felipe González, y había grandes actores. Vinieron otros políticos, y se llegó a la mediocridad de hoy; aparecieron nuevos intérpretes... Pero "La locura de Marta Sandoval" sigue esperando, como obra de anticipación, a la actriz descomunal que se atreva a darle vida. ¡Quién sabe si  no estará entre las lectoras de esta tribuna!

Fernando Lago

         

miércoles, 28 de diciembre de 2011

La comparanza




     Constituido ya el primer Gobierno de Mariano Rajoy, tal vez convenga preguntarse si será capaz de solucionar los apremiantes problemas que afectan a nuestra economía. Si lo hacemos, advertiremos enseguida que de la respuesta que nos demos va a depender la superioridad que le reconozcamos, a este Gobierno, sobre el anterior. Porque, sin duda alguna, el de Zapatero mostró una capacidad muy fuera de lo común para fomentar la desdichada crisis que padecemos. Comparar algunos ministros del actual Gobierno con otros tantos del precedente, puede resultarnos de gran ayuda.
     La confrontación de Soraya Sáenz de Santamaría con Leire Pajín deja en mal lugar a la primera. Leire Pajín sabe leer y escribir, y eso es algo que la coloca a considerable altura sobre quien hoy ocupa la Vicepresidencia del Gobierno. Además, Leire Pajín levanta el puño, y canta "La Internacional" en Rodiezmo; y no puede negarse que, para dar trabajo a cinco millones de parados, no hay nada mejor que ponerlos a entonar las vibrantes notas de "La Internacional".
     No sale más airoso Cristóbal Montoro, si lo comparamos con Pepe Blanco. Dejando a un lado su conocimiento de la importancia de una gasolinera, como lugar de encuentro, don José Blanco sabe las cuatro reglas, aunque, a veces, se atasque con la división. En cualquier caso, aplica con soltura la prueba del nueve.
     ¿Y qué decir de Bibiana Aído? A su lado, Ana Pastor queda tan deslucida que es casi una sombra. Bibiana será recordada, por la posteridad, como la meritoria artífice del mapa de Chocholandia, una joya cartográfica que invalida la obra de los grandes geógrafos de la antigüedad, y provoca la envidia de los contemporáneos. Con su inminente publicación a todo color, no habrá nabo que se despiste por tierras de Chocholandia.

Barlovento Maciñeira

     

miércoles, 21 de diciembre de 2011

La hora de la verdad




     La primera vez que vi una actuación de Los Colombaioni quedé deslumbrado por mi descubrimiento de la Comedia del Arte. Fue en Olite, dentro de los actos programados por los Festivales de Navarra, y, a partir de entonces, me convertí en un firme admirador de su buen hacer. En aquella ocasión, Carlo Colombaioni sacó de sus asientos a dos o tres espectadores, para que subieran al escenario y colaboraran con él en un número muy sencillo. Los despidió enseguida, viendo su escasa pericia para la interpretación, y, colocándoles el calificativo de aficionados, provocó la hilaridad del público.
     Llega la hora de la verdad, el tiempo de los profesionales. Los españoles hemos vivido, a lo largo de estos últimos ocho años, en manos de unos aficionados que han deshonrado el arte de la política. Hoy se acaba la dictadura de la mentira, el gobierno de la incompetencia; hoy concluye el período vergonzoso en que unos aficionados se aferraron a la mentira política, como única forma de ocultar su ineptitud de gobernantes. Hoy termina, por fin, el indecente gobierno de unos aficionados que, a diferencia de aquellos que tuvieron el honor de colaborar con Carlo Colombaioni, producen un inmenso desprecio, una repugnancia ilimitada, un irreparable dolor.
     Llega la hora de los profesionales, el tiempo de la verdad. No sabemos aún cuál va a ser el nuevo Gobierno. Pero podemos dar por hecho que Mariano Rajoy prescindirá de aficionados, porque él mismo es un profesional. El anterior Presidente del Gobierno -un vulgar aficionado, cuyo nombre prefiero no recordar- se rodeó de aficionados, por algo tan simple como esto: resulta extremadamente difícil que un profesional acepte su integración en un grupo de aficionados.
     España puede felicitarse. Una vez más, comienza la hora de los políticos profesionales. Atrás, queda un lamentable reguero de aficionados, que lleva, camino del olvido, blancos y salgados, trujillos, bibianas y pajines, caamaños, bermejos, chacones y zapateros... Entren todos, con buen pie, en el negro sumidero de la historia.

Barlovento Maciñeira


                

miércoles, 14 de diciembre de 2011

La batuta de Rajoy




     Hace ya bastantes años, el entonces primer violín de la Orquesta Nacional de España me aseguraba que los músicos percibían, al comienzo del primer ensayo, si un nuevo director iba a conducirlos con eficacia, sólo con verle coger la batuta. Sirva este viejo recuerdo mío para dar entrada a una breve consideración de la forma, tan peculiar, que tiene, Mariano Rajoy, de tomar la batuta.
     Mi paisano gobierna ya, aunque no lo parezca. Y lo hace con absoluta eficacia. Bastaría, para convencernos de ello, observar la enorme expresividad con que se mueve la batuta que lleva en la mano derecha. Transmite autoridad, competencia y amor profundo a una partitura complicada, plagada de interrogantes que no admiten el concurso de un aficionado. El reto al que se enfrenta Mariano Rajoy es importante. Pero saldrá airoso. No me cabe la menor duda.
     Probablemente, te estarás preguntando, amigo lector, por qué me muestro tan seguro de ello, y, con más probabilidad aún, te estarás respondiendo que mis palabras encierran cierta guasa. Te equivocas. Hablo con toda seriedad; por eso percibes algo de cachondeo. Pero la cosa es muy simple. La batuta de Rajoy indica, ya en los primeros ensayos, prometedores aciertos. ¿No te parece muy atinado, lector, que no vaya a poner de ministro a Pepe Blanco? ¿No encuentras acertadísimo que Bibiana Aído no vuelva a ser ministra? Los españoles nunca le agradeceremos a Rajoy, debidamente, que no tenga la intención de poner, como Ministra de Asuntos Exteriores, a doña Leire Pajín, o, como Ministro de Economía y Hacienda, a Francisco Caamaño. La batuta de don Mariano señala, cuando las tubas y los timbales anuncian el momento más dramático de la sinfonía, que no quiere a Zapatero ni como conserje del Ministerio de Sanidad. Y eso, amigo lector, comprenderás que es muy de agradecer.

Barlovento Maciñeira

     

miércoles, 23 de noviembre de 2011

De 2004 a 2011




     Puedo decir, con satisfacción, que mi humilde voto contribuyó, el pasado domingo, a expulsar del Gobierno de España al partido político que, por siempre, llevará el estigma de la incompetencia. Detrás van a quedar casi ocho años de mal gobierno que, con el tiempo, recordaremos como una larga pesadilla. Mariano Rajoy va, por fin, a gobernar -esta vez por contundente mayoría absoluta-, del mismo modo que lo hubiese hecho en 2004 -por mayoría simple-, de no haberse producido el terrible atentado terrorista del 11-M. Quien organizó aquella matanza, todavía no aclarada, no se atrevió, en esta ocasión, a impedir, como entonces, la victoria del Partido Popular.
     El Partido Socialista ha caído justamente derrotado, de manera humillante, por haberse servido, a lo largo de estos años, de la mentira continua y burda, para ocultar sus múltiples carencias, en lo político, en lo económico y en lo social. El Partido Socialista Obrero Español, que hizo del embuste su seña de identidad, ha doblado la rodilla, y tal vez el espinazo, con todo merecimiento, por su enorme ineptitud y su inmensa falsedad. Los españoles tenemos motivos, más que suficientes, para felicitarnos por ello; pues, aun en el caso improbable de que Rajoy no acertara en su nueva andadura, siempre lo hará mejor que quien, ya en 2004, tenía que haberse ganado la vida como paciente supervisor de nubes.

Barlovento Maciñeira    

jueves, 13 de octubre de 2011

¡Zapatero, dimisión!




     Ayer, durante el desfile militar de nuestras fuerzas armadas, en el día grande de la Hispanidad, el Presidente del Gobierno, esa insignificancia llamada Zapatero, fue abucheado, una vez más, por una parte del público concurrente al acto. Aunque yo hubiese preferido el aplauso, me alegro, a rabiar, por el abucheo, sin dejar de comprender, claro está, que el entusiasta choque de manos habría requerido, del Presidente, un comportamiento previo que lo hubiera hecho merecedor de tal reconocimiento. Y ese buen gobierno no se ha dado, de ninguna de las maneras. El señor Zapatero ha sido, a lo largo y a lo ancho de estos ocho años, una cruel tomadura de pelo democrática. ¿Qué cabía esperar entonces de la mayoría descontenta? ¿Vítores y aclamaciones?
     La Ministra de Defensa actuó cobardemente -¡qué contrasentido, que en el ejército se actúe con cobardía!-, tratando de acallar, hipócritamente, las quejas del pueblo, los insultos merecidos al Presidente del Gobierno. Vivimos en democracia; por lo menos, eso se nos dice. Y, en democracia, si se tolera, e, incluso, se fomenta, la aclamación popular del gobernante, deben aceptarse, del mismo modo, el abucheo y el insulto. Gobiérnese con cabeza, hágase grande a la nación, y no habrá ninguna necesidad de prohibir que al Presidente del Gobierno se le llame cabrón, porque nadie tendrá necesidad de aplicarle tal calificativo. El pueblo ha de manifestarse, en un sentido u otro, y el poderoso tiene que permitírselo, porque, en un régimen democrático, hay que estar a las duras y a las maduras. Y, sobre todo, porque cuatro años son demasiado tiempo de espera, para que el ciudadano dé su parecer en las urnas. ¿O es que, tapando la boca al coro de disidentes, se pretende una democracia sin ciudadanos? ¿O será, más bien, que somos ciudadanos anhelantes de democracia?

Barlovento Maciñeira



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martes, 4 de octubre de 2011

Carta abierta a un juez




     Sr. Juez:

     Son tantos y tan graves los asuntos que en estos momentos reclaman mi atención, que yo mismo me sorprendo, dirigiéndole esta carta. Ciertamente, la ineptitud de nuestro Gobierno, incapaz de dar soluciones a los múltiples problemas que los españoles tenemos planteados, debiera bastar para dedicarle hoy este espacio que, semanalmente, se me ofrece en esta tribuna. El hecho de no hacerlo, para tomarme la libertad de dirigirme a usted, le dará idea, señor Juez, del importante motivo que me mueve a ello.
     Ha revocado usted la condena de un hombre que había llamado zorra a su mujer, por considerar que la palabra "zorra" no es un insulto, sino la descripción de "un animal que actúa con precaución". No soy hombre de leyes, señor Juez, pero tengo un cierto sentido de lo que significan algunas cosas. Permítame decirle, por tanto, que el término "zorra", aplicado a la mujer, tiene una connotación altamente peyorativa. Y usted lo sabe, señor Juez. ¿O es que usted, suponiendo que le reconozca su condición de mujer prudente, le llama zorra a su señora madre? De ser así, cosa que dudo, espero que, si un día le llamo a usted cabrón, sepa comprender que estaré describiendo a un animal que se defiende a cornadas. Aunque eso sea, tal vez, pedirle peras al olmo.

Barlovento Maciñeira




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miércoles, 31 de agosto de 2011

Asociación ATEA



     Cierta señora o señorita que no tengo el gusto de conocer, nacida en las vascongadas, al amparo de las generosas ubres de nuestro estado autonómico, asegura que don Patxi López carece de autoridad moral para condenar el terrorismo, desde el momento en que asiste a una corrida de toros. Es decir, que la señora o señorita ATEA (Asociación para un Trato Ético a los Animales), que así se llama, viene a comparar el crimen de ETA con la muerte del toro en la plaza, a manos del torero. Tan desafortunada comparación puede darnos idea del grado de perversión a que han llegado algunos en el País Vasco. Esta señora o señorita, cuyo nombre de pila recuerda demasiado el de ETA, aparece registrada con esa marca -ATEA- que es una declaración rotunda de su nula creencia en Dios. Y, como tal señora o señorita comete la vileza de formular tan endiablada comparación, voy a permitirme ahora tomar pie en ella, para llevarla a sus últimas consecuencias.
     Siguiendo, pues, con la comparanza establecida por ATEA, es una verdadera lástima que, así como, en las corridas de toros, el astado mata en ocasiones al torero, no ocurra eso mismo cuando el asesino de ETA se dispone a liquidar a un inocente. Sería muy de desear que, en tal momento, el elegido como víctima reaccionara a tiempo, y, llevado de un golpe de feliz intuición, reconociera al asesino, y, del modo que fuera, acabara con él. Puedo asegurar que, si de mí dependiera, se llevaría las dos orejas y el rabo del etarra, y daría la vuelta al ruedo, mientras el de ETA era arrastrado por las mulillas.

Barlovento Maciñeira