El día 8 de octubre de 2008 escribí un poema, dedicado al 11-M, que, recitado por mí en diferentes tertulias literarias de Madrid, provocó mi expulsión de la que tiene lugar en el Círculo de Bellas Artes. Lo publico ahora en esta tribuna, precedido de las palabras que le sirven de preámbulo, para que se tenga idea clara del grado de persecución a que se ve sometida, en ciertos ambientes culturales, la libertad de expresión.

Dos días después de aquel terrible 11 de marzo, muchos formaron rebaño, en plena jornada de reflexión, para exigir al Gobierno la verdad de lo ocurrido. Me pregunto dónde están hoy. El día 11 de cada mes, unos llamados Peones Negros, que, de verdad, quieren saber quiénes se encuentran detrás de aquella matanza, acuden a la estación de Atocha, con ánimo de honrar a las víctimas de tan tremendo atentado. En ellos pensaba cuando, en octubre de 2008, escribí estos versos. Me encantaría tener la oportunidad de recitárselos a Zapatero; pero no a solas, sino en un abarrotado Congreso de los Diputados, ante mil cámaras de televisión, en nombre de las víctimas del 11-M.


Fernando Lago

Poema dedicado al 11-M

lunes, 18 de octubre de 2010

¿Dónde está el mérito?

    

     Aquel terrible 11 de marzo del año 2004 será recordado como el día en que España no tuvo amanecer. Aquella mañana fatídica, apenas cometido el acto terrorista que acabó con las vidas de 192 inocentes, España quedó sumida en una oscuridad criminal que, mantenida a lo largo del tiempo, llega hasta hoy. Aquella tarde, trágicamente inolvidable, los enemigos de la luz, amantes diabólicos de las tinieblas, cubrieron la verdad con un manto negrísimo para que los españoles no alcanzáramos a conocerla. Unos pocos individuos, indignos representantes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, ocultando y destruyendo pruebas que nos habrían llevado al esclarecimiento de aquella verdad, se hicieron merecedores del castigo eterno, por haber escupido sobre los uniformes que se les habían confiado. Un gran número de periodistas infames, manchados para siempre, desde entonces, con el desprecio de la verdad, pusieron todo su empeño en ocultarnos que los culpables primeros de aquellos crímenes, lejos de hallarse en remotos lugares, se encuentran muy cerca de nosotros. Como remate, un juez dictó sentencia, basándose, para ello, en un sumario deplorable que se había nutrido de todo lo anterior.
     En esta desdichada España, que no ha salido aún de las tinieblas, el poder ejecutivo condecora al judicial. El Ministro de Interior acaba de conceder la Gran Cruz, al mérito policial, al juez Gómez Bermúdez, que tuvo la inmensa responsabilidad de sentenciar sobre aquel atentado. ¿Por qué? ¿Dónde está el mérito policial del magistrado, si no condenó a los culpables? ¿Por qué razón no se concede tan importante medalla a los pocos periodistas que, tratando de desvelar, temerariamente, lo que el Ministro de Interior encubre, dignifican su profesión?
     Como español enemigo declarado de la oscuridad, quiero salir cuanto antes de la situación tenebrosa en que vivimos; como ciudadano, deseo fervientemente conocer toda la verdad de aquel 11 de marzo, porque de ello depende la legitimidad que deba reconocerle al actual Presidente del Gobierno.


Barlovento Maciñeira       

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